Durante años se perpetró la idea de que todas las mujeres contaban con un instinto materno innegable, idea que empataba con la capacidad reproductiva que posee el cuerpo femenino. ¿Imaginas cuestionar en algún momento la capacidad de ser madre? o peor, ¿tratar de tomar acciones para evitarlo? Ahí fue donde todo empezó. Recordemos lo que hoy ya sabemos, que la maternidad es una elección de la mujer y no un mero destino, que elegir interrumpir un embarazo es un derecho reproductivo. Hace décadas, estas expresiones causaron un revuelo impresionante, dada la cantidad de personas que venían de esta línea que idolatraba la maternidad.

A inicios de los años 90, en EUA se propuso la existencia del síndrome post aborto (depresión post aborto), una variante del trastorno de estrés postraumático, con el que se pretendía establecer que abortar daña psicológicamente a las mujeres. Esta propuesta ocurrió en un momento político en el que los activistas contra el aborto abogaban por implantar restricciones adicionales a la legislación respectiva, argumentando “proteger” a las mujeres de estos supuestos daños. 

Se debe recalcar que el Síndrome de estrés post aborto, nunca ha sido aceptado por importantes asociaciones psicológicas y psiquiátricas; entonces, se puede decir que ha ido disolviendo hasta convertirse en lo que hoy en día es: un mito. 

Si se le diera el significado adecuado a esta condición, se podría decir que el Síndrome Post-Aborto, no es más que una consecuencia de la presión social que impone miedo, juzga y amenaza con la pérdida de valor, aprobación y aceptación por parte del entorno hacia las mujeres; antes, durante y después del procedimiento.

Es vital comenzar a deconstrucción de la sociedad que aún golpea con ese tipo de mensajes a millones de mujeres.

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