En México, estamos viviendo un momento de cambio innegable. La sociedad es cada vez más abierta, más tolerante y, sobre todo, está más dispuesta a reconocer que los derechos y las libertades son fundamentales para construir un entorno digno para todas las personas. Sin embargo, a pesar de este avance constante, no podemos cerrar los ojos ante la realidad: muchas personas aún viven en inseguridad y enfrentan graves riesgos simplemente por cuestiones de género.
¿Dónde está el conflicto? Es evidente que existe una resistencia en ciertos grupos. Todavía hay personas que perciben el ejercicio de las libertades individuales como una amenaza. La comunidad LGBTQ+ sigue enfrentando abusos constantes y somos testigos de algunos brotes de acciones “conservadoras” que buscan frenar cualquier expresión de género que se salga de lo que consideran tradicional o que sea diferente a una sexualidad binaria.
El error fundamental de esta visión es la creencia de que se busca “imponer” una ideología opuesta o maligna. Bajo este miedo, muchas personas atacan a quienes simplemente intentan vivir su vida plenamente y con libertad. Este rechazo se traduce en la negación de derechos básicos como el matrimonio igualitario, la posibilidad de formar una familia homoparental a través de la adopción, el acceso a servicios de salud sexual integral o el derecho a decidir sobre el propio cuerpo con la anticoncepción o el aborto.
Sin embargo, hay que recordar que los derechos son una garantía, no una obligación y es aquí donde debemos hacer una pausa para reflexionar. Existe la idea errónea de que defender los derechos reproductivos o la libre expresión de género es un ataque a las creencias personales o convicciones religiosas, pero nada está más alejado de la verdad.
La práctica y el ejercicio de los derechos humanos son plenamente compatibles con cualquier estilo de vida, incluso con aquellos que son más tradicionales o conservadores. La clave está en entender un concepto sencillo: El ejercicio de un derecho nunca es una imposición hacia los demás.
El derecho al aborto, la libertad de género y el acceso a la salud reproductiva son, precisamente, derechos, no obligaciones. Nadie está forzando a cualquiera a vivir de una manera específica. De lo que se trata es de garantizar que cada persona pueda ejercer su libertad y su agencia dentro de lo que la ley contempla, sin miedo al juicio o a la violencia.
Y eso es algo a construir desde la libertad, sin odio ni imponer prácticas morales o tradicionales que siempre han sido voluntarias y personales. Una sociedad sana no es aquella donde todos pensamos igual, sino una donde todos podemos convivir, respetando la autonomía de las otras personas. Puedes vivir tu vida bajo los valores que tú elijas, mientras permites que los demás vivan los suyos.
En Gineclinic, creemos firmemente que la salud y la libertad van de la mano, así que seguiremos trabajando para que estos espacios de seguridad y de respeto sean la norma, porque al final del día, cuando alguien ejerce sus derechos con libertad, el beneficio es para todas las personas.

